15 julio 2014

Vida Estival en Jacksonville

Florida nos sorprendió esta vez con el calor. Y la humedad. Estar afuera es realmente incómodo, a menos que uno esté en la playa o en la pileta. Incluso en mallas, nuestro vestuario diario de los últimos 6 meses. Las tormentas diarias que vimos en las Bahamas se hacen presentes en Florida sin falta.

Así es que apenas llegamos a la marina en Jacksonville y apenas enchufamos a Taia a 120 V, los dos aires acondicionados fueron prendidos. Afuera es un horno, pero estar adentro es un placer!

Estar en marina trajo todo tipo de cambios. El primer cambio fué acceso a agua potable ilimitado y gratis. Algo que parece trivial para todos los que viven en tierra, es un lujo para la tripulación de Taia. Las duchas dejaron de ser medidas (y hasta podemos ducharnos en los baños de la marina, que son considerablemente más amplios que el nuestro) y lavar los platos es más cómodo al no tener que pensar en cuánta agua está siendo usada. Ni hablar de lavar ropa! Tener acceso a un lavarropas y un secarropas es un placer.

El segundo cambio fué acceso a internet bueno. Aunque parezca mentira, ésta es una de las cosas que más extrañamos en nuestro tiempo en las Bahamas. Pagamos nuevamente la subscripción a Netflix y el Er se está poniendo al día con todas las pelis y miniseries que han salido en los últimos meses. Yo sigo principalmente leyendo mis libros.

Cuando buscamos la marina donde quedarnos en Jacksonville, uno de los requerimientos era que tuviera pileta. Después de pasar la mayor parte del día en la playa, no queríamos tener a los chicos encerrados en el barco todo el tiempo (y encima nuestro!). El otro requerimento era que tuviera un lugar para mirar tele, para poder ver los partidos del mundial.

Y así llegamos a Ortega Landing Marina. Un lugar precioso, muy cerca de todos los amigos que conocimos en Noviembre del año pasado.

Antes de dejar las Bahamas, el Er empezó a hacer una lista de las cosas que queremos o tenemos que arreglar o cambiar en el barco. Después de vivir casi un año el barco, hay cosas que se han roto (aunque por suerte son bien pocas) y otras que, con la experiencia adquirida, queremos mejorar. Estar en EEUU es el paraiso en ese sentido porque tenemos acceso a todo tipo de servicios y repuestos. El Er se pasa casi todo el día arreglando cosas, buscando precios de repuestos o simplemente estudiando cuál es la mejor manera de hacer un proyecto. El resto del tiempo mira los partidos del mundial.

Yo sigo con el cole de los chicos. Si bien tuvimos una ceremonia ofical de fin de año escolar, el cole a bordo de Taia continua, aunque mucho más liviano. Apenas unas horas por día y a veces, simplemente, hacemos manualidades. Los chicos no se quejan y esto nos permite adelantar un poco.

El resto del tiempo los chicos se la pasan en la pile. Han conocido a muchos chicos y la siguen pasando bárbaro. Se juntan a jugar, a ver tele, o simplemente a nadar en la pile. En la marina muchas veces nos han felicitado por lo bien que se portan los chicos. Algo que nos llena el corazón de orgullo! Algo estamos haciendo bien después de todo :)


Jugando con legos con nuevos amigos!

El Mati pasó a primer grado!

La Cami pasó a tercer grado!

Yendo al zoológico con Paul y Shari. La Cami prefirió ir en la lancha con techo :)


Nuestros amigos en Jacksonville.
Organizamos una noche de pelis con todos los chicos.
El Er instalando un inodoro eléctrico. Chau bomba manual! Ahora solo tenemos que apretar un botoncito :)
Caminando con Paul y Fred en la feria del fin de semana.

Matias ligó una espada y sombrero de pirata.

28 junio 2014

De regreso al primer mundo

El clima se hizo rogar y la ventana de buen tiempo para cruzar a Estados Unidos no aparecía. Todos los días había tormentas eléctricas, que traían mucho viento que rápidamente desaparecían y dejaban atrás mucha calma.

Los últimos días en las Abacos nos vieron rebotar entre Spanish Cay (donde pudimos ver el primer partido de Argentina vs. Bosnia en un bar), Manjack Cay, Green Turtle y Fox Town. En algunos lugares, lamentablemente, no pudimos bajarnos porque llovía mucho.

Green Turtle

Disfrutando el último helado de las Bahamas.


Finalmente el día llegó. Salimos de Fox Town el viernes 20 de Junio a las 7.30 de la mañana. Las primeras 70 millas de navegación eran en el pequeño banco de Bahamas. El resto de las 250 millas eran en el Oceáno Atlántico. El destino era Fernandina Beach, Florida.

La navegación empezó muy tranquila. El tiempo quiso redimirse por los últimos días grises que vimos en las Bahamas con un sol brillante. No había mucho viento pero no estábamos apurados y disfrutamos de una navegación fácil. Alrededor de las 5 de la tarde apareció el primer nubarrón negro y rápidamente se convirtió en tormenta. Aparecion los vientos fuertes y la lluvia. El episodio no duró más de media hora, pero lamentablemente nos dejó una marca. Cuando tratamos de guardar la vela de proa, la escota golpeó violentamente contra la ventana de vinilo del enclosure y le hizo un tajo. Nada grave. Enseguida lo arreglamos temporariamente con cinta. En Estados Unidos lo arreglaremos.

La noche del viernes cenamos tranquilamente mientras disfrutamos las últimas millas en el banco de las Bahamas. A las 9 yo me fuí a dormir mientras el Er se hacía cargo de la primer guardia. A las 10.30 nos agarró la segunda tormenta del viaje. La vimos venir por el radar y nos preparamos. Igual que la primera, no duró mucho y se fué. Pero a diferencia de la primera, ésta no dejó calma. Los vientos que según el pronóstico iban a ser de 15 a 20 nudos fueron en realidad de 20 a 25 durante toda la noche. El mar estaba confudido. Habia bastantes olas que el barco felizmente rompia.

El sábado el viento bajó un poco y las olas se tranquilizaron. Todos, a excepción del Mati, nos mareamos un poco pero con pastillas anduvimos bien. El almuerzo fué bien sencillo: galletitas de agua y mermelada para todo el mundo. La tarde del sábado vimos otra tormenta, pero ésta nos esquivó y sólo tuvimos vientos de más de 30 nudos un rato. A la noche, otra vez, el viento subió a 20 nudos.
El Mati, con su harnés, jugando en el cockpit.

La tripulación infantil estaba feliz, a pesar de la cara del Mati en esta foto.

Llegamos a Fernandina el domingo 22 a las 14.30. A la mañana siguiente, fuimos los 4 a la oficina de migraciones para que nos sellaran el pasaporte. Después de ahi, nos fuimos a Fort George. Ahi pasamos una noche y visitamos una de las plantaciones de algodón más antiguas de EEUU. Está la casa original, de 1813, y las “casas” de los esclavos.


En Fernandina, una ciudad muy pintoresca, yendo a hacer migraciones.

Fernandina
Anclados en Fort George, yendo a visitar la plantación. Atrás se ve Taia.

Taia atrás, la plantación a la derecha de la foto.

La casa original de la plantación.

El martes llegamos a Jacksonville y aquí nos quedaremos en una marina por un mes. Hay varios arreglos que queremos/tenemos que hacer en el barco. En Jacksonville nos hemos re-encontrado con muchos amigos que conocimos el año pasado. Fué como volver a casa nuevamente.

En el lounge de la marina de Jacksonville donde nos estamos quedando. Es una de las marinas más lindas que hemos conocido.

11 junio 2014

Lluvia y Calor

- Está lloviendo?
- Sí, pero no va a durar, es una sola nube...

Mientras la nube se acercaba rápidamente, el viento aumentó su velocidad y una masa de aire frío y seco entró justo a tiempo para evitar que la atmósfera comenzara a hervir. La nube, solitaria y gigantesca, llegó y descargó su furia, la temperatura ambiente se puso agradable. Esa sola nube, que pareció desplomarse sobre el Taia, nos dió suficiente agua para enjuagar y limpiar toda la cubierta y el cockpit, y llenar nuestros 2 tanques de agua. Y después de eso el diluvio continuó unas horas más, para concluir tan rápido como había comenzado. Salió el sol, el higrómetro y el termómetro, al parecer ofendidos por lo agradable que se había puesto el ambiente, escalaron impávidos. Así vimos comenzar la temporada de lluvias en las Bahamas.

Todos los días llueve. Todos los días hay sol. Todos los días hay poco viento. Todos los días hay mucho viento. Todos los días hace calor. Pero nunca hace frío, juntamos agua potable todos los días, y seguimos disfrutando nuestro tiempo en las Bahamas.
Chubasco acercándose al Mar de Ábaco
Las noches a veces son difíciles de tolerar. Hasta ahora dormíamos con todas las ventanas abiertas y la brisa era suficiente para mantener la temperatura perfecta. A veces incluso dormíamos tapados. Pero desde que empezó a llover, el viento es más esquivo. Algunas noches el barco parece estar flotando entre estrellas; el agua refleja el cielo perfectamente, no hay nada que altere la superficie.
Este nos pasó por encima y siguió su curso hacia el Atlántico
En las peores noches me voy a dormir al cockpit, a donde la temperatura está 3 milésimas de grado más baja que en la cabina. Si llueve hay que levantarse a cerrar ventanas y toldos para que no se moje todo adentro y en el cockpit. Diez minutos más tarde, cuando deja de llover, volvemos a abrir todo para que se refresque un poco el aire adentro del barco.

Siempre hay nubes en el oeste, algunas oscuras que parecen traer el ceño fruncido mientras se acercan amenazadoras. Otras parecen estar estacionadas en el horizonte, aprestándose para subirse al tren que las traerá hacia el este.
Chubasco difícil de esquivar
Mientras las nubes hacen cola para desatarse sobre las Bahamas, nosotros planeamos nuestra vuelta a la Florida, a donde sospecho que las nubes van a estar exhibiendo el mismo comportamiento. Planeamos llegar a Jacksonville a principios de julio. Para eso, vamos a hacer nuestra travesía más larga: 300 millas desde las Abacos hasta el extremo norte de Florida. Serán 2 noches y 3 días en el mar.

02 junio 2014

De regreso en las Abacos

Dejamos George Town el 22 de Mayo. Después de mucho deliberar, decidimos hacer la retirada hacia el norte fácil. En vez de ir a islas que no hemos conocido, decidimos volver por las Exumas y las Abacos. Las otras islas quedarán para el año que viene.

Como siempre, dejar un lugar no es fácil. Como es costumbre, hemos conocido mucha gente y nos hemos hecho nuevos amigos. Haber hecho buenas migas con otras familias tampoco hace la tarea fácil a la hora de partir. Lo único que alivia la tristeza de dejarlos es que ellos, como nosotros, también están partiendo hacia otros rumbos.

El destino para el primer día era Black Point, pero después de tener un día espectacular de navegación, con el spinnaker llevándonos a unos vertiginosos 7 nudos, decidimos seguir unas millas más y llegamos a Big Majors, la playa donde hay chanchos. Ya habíamos parado acá en nuestro camino hacia el sur, pero a los chicos les gustó tanto que pidieron parar nuevamente.

A la mañana siguiente fuimos al super y después fuimos a la playa por unas horas. Después de hacer la visita religiosa a los chanchos, decidimos ir a otra playa de la que nos habían hablado nuestros amigos de Viatori y Horizon: The Pirate Beach. Es una playa chiquita pero bonita, llena de sillas, mesas y juegos. Todo donación de un barco llamado Pirate y algunos otros cruisers.

Al mediodía partimos nuevamente para recorrer las 31 millas que nos separaban de Shroud Cay. En este lugar no habíamos estado, pero nos lo habían recomendado. El lugar es muy bonito. Una de las atracciones es un banco de arena que en marea baja forma una playa que rodea una pileta natural. Como Shroud Cay es parte del Parque Exuma, donde está prohibido pescar y llevarse cualquier cosa, vivo o muerto, el lugar estaba lleno de caracolas de todos los tamaños.

Otra de las atracciones del lugar es un rio que atraviesa el cayo de oeste a este y al que se lo puede recorrer con el chinchorro. Al final del recorrido hay una playa muy bonita donde pasamos unas cuantas horas. En esta misma playa conocimos a Unknown Island, una familia canadiense con dos nenas. Como es habitual en estos casos, los grandes empezamos a charlar e intercambiar datos interesantes mientras los chicos jugaban en el agua. A la noche nos juntamos todos en Taia para seguir la charla, esta vez acompañados de una buena botella de vino.

Como el día estaba tan lindo y con poco viento, colgamos la hamaca paraguaya!

La Cami con un erizo muerto, que no se pudo llevar porque estábamos en el Parque Exumas.


La pileta natural

Con los pies amarillentos después de caminar en algas.

Caminando, encontramos una mamá cuidando a sus pichones...


En el rio que atraviesa el cayo.

Al día siguiente, después de unas horas de playa, partimos nuevamente. Esta vez el rumbo fué Ship Channel Cay, el extremo norte de las Exumas. Alli paramos una noche y a la mañana siguiente partimos nuevamente hacia Royal Island, donde ya habíamos estado pero es el lugar ideal para esperar buen tiempo para navegar las 60 millas de océano que separan Royal Island de las Abacos.

El cruce a las Abacos fué muy bueno y después de un día largo de navegación llegamos a Tilloo Cay, el 28 de Mayo.

La parada siguiente fué Hope Town, donde nos re-encontramos con Morning Star. La parada siguiente fué Man-O-War, donde los chicos pidieron ir nuevamente a la escuela.

Aquí nos quedaremos una semana y después seguiremos hacia el norte nuevamente, donde hay muchos lugares que no conocimos y queremos visitar.


Estar en las Abacos nuevamente es raro. Parece que hiciera siglos que estuvimos aquí, cuando en realidad fueron sólo dos meses. Sentimos que “estamos volviendo a casa”, cuando en realidad solo hemos estado acá por un poco más de un mes. Supongo que el hecho de ver lugares conocidos, con mucha gente amiga, es lo que le da a las Abacos el sabor de casa.

13 mayo 2014

EN ABLANDE

Los últimos 8 días hemos estado cómodamente anclados frente a George Town. Con la temporada en sus últimos estertores, la bahía parece desierta, a pesar de haber unos 50 barcos. Ha sido un descanso que no buscamos, pero el clima y el nuevo motor nos obligaron a tomarlo.
Hay una mamá tortuga y 2 de sus bebés que nadan alrededor del barco todos los días
El barco vino con un fuera de borda de 6 caballos que para 2 personas es suficiente. Pero nosotros somos 4, y cuando vamos de paseo el chinchorro se llena de máscaras, aletas, snorkels, bolso, bolsito, bolsón, mate, y solo faltan la abuela y sus mascotas. Con tanto peso en el chinchorro, el pobre motor hacía mucho ruido y producía tanto empuje como un estornudo de bebé.

Con el presupuesto ofendido por el gasto no planeado, compramos un motor de mayor potencia. Y no fue solo el presupuesto quien se ofendió, el medio ambiente también nos perdió respeto. El motor es de 2 tiempos; quema nafta y aceite, y la combustión que hace es más nociva que la de un motor de 4 tiempos. Siempre tratamos de sembrar karma positivo con el medio ambiente, pero esta vez sacrificamos un poco de nuestra redención en pos de un motor más liviano.

Y por qué es tan importante que el motor sea más liviano? Imaginen esto: soplan entre 15 y 20 nudos de viento, la ensenada se agita con olas de 30 a 40 cm, el barco se mueve con menos placidez que violencia, y hay que sacar el motor del chinchorro para colocarlo en su posición de viaje en el balcón de popa. Hay que subir el motor desde el nivel del agua a la cubierta, 1 complicado metro y 50 irritantes centímetros para arriba.

Mientras el chinchorro baila una mezcla de champeta con reggaetón, yo trato de mantener el equilibrio para aflojar los bulones que lo mantienen fijo al espejo de popa. La Nati, haciendo equilibrio sobre cubierta, me pasa un grillete conectado a un aparejo que tiene 3 reducciones; el aparejo está hecho firme al arco, casi 3 metros arriba mío. Engancho el grillete en la brida del motor mientras las olas siguen batiendo todos estos sólidos que aprietan dedos, cortan piel, rompen huesos. Una vez enganchado, me subo a cubierta y entre los dos izamos el motor, tratando de evitar que suba rozando y rayando fibra de vidrio, y luego tratando de evitar que concluya su trayecto vertical apoyandose sobre uno de 4 pies danzantes.

Hemos hecho esa maniobra, de ida y de vuelta, en todo tipo de condiciones. Cuando está calmo una persona lo puede hacer bien. Pero cuando hay viento y olas es menos que ideal, degenerando en peligroso cuando el viento y las olas están particularmente excitados.

El motor que compramos, de 2 tiempos, pesa 36 kg. Un motor de igual potencia pero de 4 tiempos, menos nocivo para el medio ambiente, pesa 52 kg. Lo siento mucho por el medio ambiente. Prefiero arruinar un poco más la calidad del aire que respiro pero proteger mis extremidades mientras subo y bajo el motor.

Se acuerdan cuando los autos nuevos necesitaban ser ablandados? “En ablande”, decía el cartel que el orgulloso dueño del nuevo vehículo ponía en la luneta trasera. Por suerte la industria automotriz mejoró la tecnología (o los procesos?), y ya no es necesario ablandar los motores. Pero los motores fuera de borda todavía requieren el proceso de ablande. Y eso hemos estado haciendo mientras el viento ha soplado sin parar. Por suerte estamos bien anclados y protegidos, con una playa larga, blanca y tranquila a escasos 100 metros del barco.
Ya hemos nadado con este delfín varias veces. Cada encuentro es mágico!
Y como si eso fuera poco, conocimos a otros dos barcos con niños a bordo. Viatori, canadienses, y Horizon, argentinos. Entre días de pesca, playa, nadar con un delfín que disfruta de la compañía humana, grandes y chicos la pasan bien con todo tipo de actividades sociales.
Horizon y Taia jugando en la playa
Horizon, Viatori y Taia compartiendo mate y sol
Con el motor casi al final de su período de ablande y esta ola tropical que trajo tanto viento siguiendo su trayecto hacia el norte, estamos planeando nuestra retirada de George Town. En pocos días las velas volverán al trabajo. Tenemos que navegar 600 millas para volver a Jacksonville, y queremos hacerlo antes de Julio.

04 mayo 2014

Paraiso y buena compañia

Después de unos días en George Town decidimos ir hacia el sur para visitar las islas Jumentos y las Raggeds. Este conjunto de pequeñas islas deshabitadas es un paraiso. Pasamos unos días espectaculares rodeados de naturaleza pura y buena compañia.

Afortunadamente, la tripulación de Shambala decidió ir con nosotros a las Jumentos y las Raggeds. Hasta ahora nosotros siempre habiamos navegado solos y la idea de navegar con otro barco nos llamó la atención enseguida. Sobretodo cuando en el otro barco viajan chicos de la misma edad de los nuestros!

Así partimos hacia Long Island, donde paramos dos noches, fuimos a la playa, y comimos unas ricas hamburguesas en un restaurant. Después partimos hacia Water Cay, un lugar paradisíaco donde no hay nada más que vida salvaje. Esa misma noche empezamos una tradición con Shambala de cenar todos juntos a bordo de Taia. Los grandes en el cockpit y los chicos en el salón, donde jugaban o miraban alguna peli. A la mañana siguiente nos despertamos con una calma total y el agua que parecía un espejo. Después de tomar una decisión unánime de que los chicos de ambos barcos se merecían unas vacaciones en el cole (los cuatro están muy avanzados) nos fuimos todos investigar un agujero azul y después a snorkel. El arrecife era muy bonito y muy colorido. Lo más importante para nosotros es que acá el Er por primera vez empezó a cazar pescado (si, cazar y no pescar, porque usa un palo y no caña de pescar). Con la ayuda y la guia de Paul, de Shambala, agarró dos triggerfish, que luego aprendió a limpiar con la guia de Paul nuevamente, mientras los chicos jugaban en el agua y las mujeres charlábamos y supervisábamos el trabajo.

Navegando hacia Long Island.

Tripulación intantil de Shambala y Taia.

Comité de bienvenida en Water Cay.


El Er y su triggerfish. Son mucho más lindos cuando están vivos!

Los días siguientes nos vieron anclar en Flamingo Cay, Buena Vista Cay, Raccon Cay, Hog Cay y Duncan Town, el único pueblo que vimos con sus increíbles 100 habitantes. En todos los lugares hicimos playa, spear fishing, snorkel y cena abordo de Taia o Shambala. Los chicos jugaron, nadaron, corrieron, charlaron, navegaron juntos y la pasaron fantásticamente. También aprendieron mucho de peces.

Flamingo Cay.


Tripulación de Shambala y Taia.


En Raccon Cay vimos por primera vez dos tiburones en la playa, bien cerquita. Con los pies en el agua y la bandeja sobre las piedras de la playa, el Er y Paul estaban limpiando los peces que habían cazado. El Er enjuagó la bandeja sucia en el agua y unos minutos más tarde apareció el tiburón reclamando su comida. Al grito de “Tiburón! Tiburón!” los hombes salieron rápidamente del agua y después de que el susto se pasó, todos nos dedicamos a admirar esta especie de cerca, mientras le sacábamos fotos y compartíamos algo de la pesca diaria con ellos.

Después de 10 días increibles, llegó el momento de despedirnos de Shambala. Ellos partieron para EEUU y nosotros nos dirigimos hacia el norte nuevamente. De a poco, la tripulación de Taia va a empezar a volver hacia el norte, para eventualmente cruzar a EEUU durante la época de huracanes.



Con Shambala esperamos cruzarnos de nuevo el año que viene y seguir navegando juntos mientras creamos nuevos momentos inolvidables.

19 abril 2014

Hajj, Mecca y un delfín

Desde la costa Este de Estados Unidos hay una peregrinación anual a George Town, en el extremo sur de las Exumas en Bahamas. George Town es la Mecca náutica de las Bahamas y el hajj del que participamos este año es casi obligatorio para los barcos que navegan el Atlántico Norte Occidental. Haber llegado a George Town es otro hito en nuestro viaje.

En su amplia Bahía Elizabeth, George Town alberga de 300 a 400 barcos entre los meses de enero y marzo. La comunidad que se forma anualmente frente a George Town es amigable y activa. Se organizan todo tipo de actividades en la playa, todas concluyendo con tragos al atardecer. Hay playas, dunas, cuevas y arrecifes. En el pueblo hay dos supermercados, una ferretería, una fiambrería y algunos restaurantes. Además de toda esa belleza natural e infraestructura, el pueblo ofrece agua potable gratis.

Nosotros llegamos a George Town tarde en la temporada. Creemos que la llegada tardía es una ventaja porque no nos gusta estar anclados en lugares super poblados de barcos. Para cuando llegamos quedaban apenas 100 barcos. Nos perdimos algunas de las actividades comunitarias divertidas, pero preferimos no estar apilados.
Elizabeth Harbour con "apenas" 100 barcos
Hace una semana que estamos acá y hemos tenido oportunidad de descansar un poco del trajín que representa mover el barco cada dos o tres días. Los primeros días los pasamos sentados en la playa, nadando con rayas, jugando volley, charlando, estando. Por primera vez en casi dos meses comimos en un restaurant.
Alimentando rayas en Volleyball Beach
Desde el monumento
Aquí nos encontramos con Shambala, un barco que conocimos en Vero Beach en enero. Ellos viajan con chicos de la misma edad que los nuestros. A través de Shambala conocimos a Perry, que también navega con chicos de edad similar. La vida cambia mucho cuando hay un grupo de chicos que se entretienen solos. Nos da a los grandes la oportunidad de estar tranquilos y poder jugar a juegos algo más divertidos que “adivinen el número que estoy pensando” o veo-veo.
Tripulación infantil de Shambala, Perry y Taia
Ayer tuve una de las experiencias más especiales de este viaje. Fui a cazar peces con Paul de Shambala y Matt de Perry. Digo cazar y no pescar porque los 3 fuimos con lanzas, aletas y máscaras. Nos tiramos al agua en un arrecife y empezamos a buscar peces para ensartar con las lanzas. Después de 2 horas de nadar y no empalar ningún animal, escuché el ruido característico de un delfín. Al darme vuelta ví que un delfín se me acercaba.

Pensé que el delfín seguiría su camino después de mirarme con curiosidad. Pero lo que hizo fue mucho mejor que eso. Se quedó nadando cerca mío. Rápidamente olvidé mi cacería para nadar con este curioso delfín. Se me acercaba, me miraba, se alejaba, volvía. En un momento apareció una barracuda y yo, como siempre que veo barracudas, me alejé. El delfín correteó a la barracuda y volvió a nadar conmigo.

Juntos nadamos hacia donde estaban Paul y Matt. Ellos también dejaron la cacería para nadar con el delfín, que nos observaba y mantenía una distancia prudente. Varias veces me sumergí con él y nadamos en paralelo, a un metro el uno del otro. Muy despacio yo empezaba a estirar mi brazo para tocarlo, pero todas las veces el delfín respondía alejandose. Definitivamente no quería que lo tocara. Pero siempre volvía y nadaba entre estos 3 seres humanos que lo miraban fascinados.

Compartimos con el delfín casi una hora en el agua. Él iba y venía, nadaba entre nosotros, se acercaba, se alejaba. Volvimos sin la cena de pescado tropical que habíamos imaginado, pero felices por haber entablado ese diálogo con el delfín. Lamentablemente ninguno de los 3 tenía una cámara para sacar fotos.

Mientras los hombres cazábamos, las mujeres organizaron una fogata en la playa para la noche y los chicos corrieron de acá para allá. La fogata fue un éxito. Nos juntamos las 3 familias y otras 4 o 5 parejas. Cada uno trajo un poco de comida y bebida. Compartimos la comida, el fuego, la compañía, las estrellas, el mar.
Fogata en la playa
Nuestro hajj a esta Mecca náutica concluyó. Aunque no estamos caminando en círculos frente a una mezquita, estamos haciendo algo similar en las playas y arrecifes de la zona. Los espíritus se alimentan de cualquiera de las dos maneras.
Sonrisa delfinesca
Pronto dejaremos George Town para explorar las Jumentos y las Raggeds, que son los grupos de islas más remotos de las Bahamas.

08 abril 2014

Finalmente en las Exumas

El tiempo se hizo rogar pero finalmente llegó. El 31 de Marzo el viento se puso del norte. Levantamos el ancla, pusimos las dos velas oreja de burro y así navegamos hasta llegar a las Exumas. Fué un día espectacular.

Cuando empezamos a planear este viaje, les prometimos a los chicos que ibamos a ir a dos lugares en particular: una playa con iguanas y una playa con chanchos que nadan.

El primer lugar donde nos anclamos en las Exumas fué Allens Cay. Como siempre al llegar a un nuevo lugar, bajamos el chinchorro y nos fuimos a explorar. Esta vez planeamos ir a una playa en particular, una de la que hemos leido mucho y hemos visto muchas fotos. Antes de llegar empezamos a ver las famosas iguanas de Allens Cay. Una especie de iguana que no se encuentra en ningún otro lugar del mundo y que nadie sabe con certeza cómo llegaron a las Bahamas. Estas iguanas con cara de pocas pulgas están tan acostumbradas a ver turistas, que apenas uno pisa la arena de la playa se empiezan a acercar en busca de comida.



De ahí nos fuimos a Normans Cay. Una de las atracciones de esta isla es el avión sumergido de Carlos Lehder, un traficante de drogas colombiano de la década del 80. Por supuesto, hicimos snorkeling alrededor del avión.

Este tiburón nodriza estaba muy tranquilo abajo del avión.


Nuestro siguiente destino fué Walderick Wells, una de las islas que pertenece al Parques Nacionales de las Exumas. En este lugar, a pesar de tener muchos lugares interesantes para hacer snorkel, no pudimos hacer snorkel porque el viento estaba soplando demasiado. El Er y yo hubiéramos estado bien pero los chicos no. Sin embargo, la isla tiene muchos senderos interesantes. Uno de ellos es el Boo Boo Hill Trail. Caminando entre piedras y manglares se llega a la cima de una colina donde uno puede dejar el nombre de su barco tallado o pintado en un pedazo de madera, siempre y cuando ese pedazo de madera haya sido encontrado a la deriva de una playa.

Un montón de maderas con nombres de barcos que han visitado este lugar.

De ahí partimos a Pasture Cay. El mejor lugar en el que hemos estado hasta ahora. El color del agua es simplemente impresionante. A unos pocos metros de donde anclamos, había otro avión sumergido, rodeado de corales de todos los tamaños, formas y colores. Snorkeling en este lugar, vimos una tortuga, dos rayas púas y dos rayas aguila de más de un metro de envergadura. Simplemente espectacular.
También visitamos un lugar llamado Acuario del Mar. Este lugar es basicamente una gran piedra rodeada de agua donde hay muchísimos peces y corales.

Taia en Pasture Cay. Las fotos realmente no muestran la belleza del lugar.


Después de pasar dos días en Pasture Cay, partimos para Staniel Cay. Allí tuvimos la suerte de encontramos con Dena y Myron, a quienes conocimos en Florida y volvimos a ver en Man-O-War. Staniel Cay tiene dos atracciones principales: una playa y una gruta a la que se accede por el agua.

En la playa hay chanchos que están tan acostumbrados a los turistas y a la comida que traen éstos, que cada vez que escuchan un motor corren al agua y nadan hacia el chinchorro que está llegando. Y si los turistas no traen comida, los chanchos demuestran su infelicidad con quejidos varios. Como estos chanchos no son salvajes, darles de comer está bien (es más, algún granjero debe estar feliz de tener chanchos que son alimentados por los turistas).



La segunda atracción es una gruta llamada Thunderball. Cuando la marea está baja uno se mete en una cueva submarina. La gruta tiene forma de cúpula renacentista, con 2 o 3 agujeros en el techo, similar al agujero del Panteón en Roma. Este lugar se hizo famoso por una de las películas 007 de Sean Connery (de ahí el nombre de la gruta). Lamentablemente, no tenemos fotos de este lugar. En Pasture Cay, cuando metí la cámara en su caja sumergible, no la cerré bien y por ende se nos llenó de agua y se nos rompió :(


Las Exumas, hasta ahora, han sobrepasado todas nuestras expectativas. No sólo es cierto que el color del agua es increíble, pero todo lo que hemos visto nos han gustado mucho. Y así seguimos, tachando items de una larga lista de cosas para ver y hacer. Una lista que venimos haciendo desde hace mucho tiempo.