24 julio 2015

Finalmente llegamos a Grenada

A las 9.30 am partimos de Martinique, con rumbo a Bequia. Decidimos saltearnos St. Lucia y St. Vincent dado que en los últimos años han habido algunos casos de robo a barcos. Preferimos no conocer esas islas y estar seguros.

La navegación estuvo buena pero variada. De a ratos hubo mucho viento, de a ratos el viento se apagó completamente y nos ogligó a prender el motor. Tuvimos corriente a favor y en contra. Llegamos a Bequia, la primer isla de St. Vincent y las Granadinas, a las 3:40 am del siguiente día. Anclamos en un lugar seguro pero no muy cerca de la costa dado que era de noche y nos fuimos a dormir. Al día siguiente nos re-anclamos en un mejor lugar.

Los chicos estaban ansiosos porque el año pasado una familia que conocimos nos dijeron que en Bequia estaba el mejor parque de juegos del Caribe. Indudablemente los chicos no se olvidaron de ese detalle y a menudo preguntaban cuándo íbamos a llegar a Bequia. Lamentablemente dicho parque no existe. No sé si entendimos mal o si la familia simplemente se refería a la hermosa playa de Bequia. La decepción duró 1 minuto y fué reemplazada por euferia cuando los chicos descubrieron la cueva en la playa. En esta playa y esa cueva en particular, los chicos se pasaron horas y horas jugando. El estar anclados cerca de la playa tuvo ventajas extras: los chicos agarraban el kayak y se iban solos a la playa mientras algun adulto los supervisaba desde el barco.

Bequia es una isla chiquita pero muy bonita. No hay mucho para hacer así que principalmente nos pasamos dos semanas tranquilas en la playa. La gran excepción fué el paseo para visitar el Santuario de las Tortugas. Este lugar se dedica a agarrar a las tortugas apenas nacen y protegerlas hasta que sean lo suficientemente grandes para sobrevivir por si solas. Lamentablemente no poseen mucho dinero y no tienen mucha estadística de cuánto impacto tiene lo que están haciendo.
En esta isla encontramos los mangos más deliciosos que hayamos comido. También comimos por primera vez dos frutas deliciosas: wax apple y prickly pear. No estoy segura cómo se dicen esos nombres en castellano.
El Er aprovechó que había varios barcos con equipo de buceo propio y todos los hombres fueron a bucear varias veces.
La cueva en la playa de Bequia

Al otro lado de la cueva. Los chicos pasaron horas jugando acá!

Leyendo un libro en el kayak. Muy tranquilo!

Mi amigo el cangrejo.


Camino al Santuario de tortugas. La playa del este estaba llena de sargasso.



Las chicas resolviendo los problemas del mundo.


Con nuestros amigos de Skylark.

El Mati con una tortuga bebé.
Nuestro siguiente destino fué Mayreau, donde pasamos varios días disfrutando de la playa y esperando que el viento calme para poder visitar los Cayos de Tobago . Como el viento no se calmaba, decidimos irnos a Union. Después de unos días, como el viento seguía sin calmar, decidimos visitar los Cayos de Tobago en algun momento durante el verano y así nos fuimos a Carriacau, la primer isla de Grenada. Aquí paramos solamente unos días y enseguida nos fuimos a Grenada. 

La playa en Mayreau.



Aquí estaremos durante la temporada de huracanes. Los chicos están yendo a una escuela de verano para aprender a navegar en optis. Los adultos se dedican a trabajar en el barco y planear más trabajo. Para Taia, lo más importante es sacarlo del agua y pintar el fondo. Además de eso, hemos decidido comprar un molino de viento para tener más electricidad. Los paneles solares son suficiente, siempre y cuando los días estén soleados. Lamentablemente últimamente han habido muchas nubes y hemos tenido que prender un par de veces el generador para recargar las baterías.

En la Bahia Prickly, donde estamos en Grenada, hay muchas actividades: pelis los domingos, dominos, yoga, y bingo. En una bahia a 15 minutos hay volleyball 3 veces por semana. Los chicos están yendo todos los días a la pileta de la bahia, un cambio lindo del agua salada.


Parque acuático de esculturas en Grenada.




Los chicos terminaron el cole y hubo graduación en la playa.


El director del cole :)

Todos los egresados.

29 junio 2015

Martinique

Después de una estadía más bien corta en Dominica (debido a que los anclajes que encontramos eran bastante incómodos), decidimos partir para Martinique.

Tuvimos un día de navegación muy bueno y llegamos a St. Pierre, la antigua capital de Martinique. La ciudad es pequeña pero bonita. En 1902, el volcán Mt. Pelée erupcionó, después de varias semanas de despedir humo, y 2.999 de los 3.000 habitantes perecieron. El único sobreviviente fué Cyparis, que debe su vida a la escasa ventilación de la prisión donde estaba; escapó con algunas pocas quemaduras.

St. Pierre y Mt. Pelée a la distancia.
Una calle en St. Pierre

Matias explorando la vieja cárcel

En la celda de Cyparis

El viejo teatro, al lado de la carcel.

Vista de Mt. Pelée desde el teatro

El teatro, con su piso original

En el dock, unos pescadores locales limpiando atún. Ojalá nosotros pescáramos eso!

Los chicos explorarando un poco de buceo.

Después de unos días en St. Pierre, partimos para Anse Mitan, para re-encontarnos una vez más con Skylark y Almost There. La bahía es excellente y muy cómoda, con varios negocios y restaurants cerca.

Las 3 mujeres alquilamos un auto y nos fuimos al shopping para comprar ropa y demás cosas para la tripulación. También aprovechamos y fuimos al Carrefour para llenar el barco de comida. Un paseo lo hicimos con chicos, el otro lo hicimos solas. Los hombres se ofrecieron para amontonar a todos los chicos en Almost There y hacer una sesión de cole colectivo. Las mujeres pasamos un día excelente a pesar de pinchar una goma y encontrarnos con la desagradable sorpresa de que el auto alquilado no tenia goma de auxilio. Después de contactar a Budget y explicar en un limitado Francés cuál era el problema, un empleado de Budget nos fué a buscar y nos instaló la goma nueva.

Al día siguiente partimos los 11 en una mini-van alquilada, para explorar el volcán Mt. Pelée. Allá nos encontramos con los amigos brasileros, de Arthi, y argentinos, de Wind Whisper. El camino te lleva hacia el cráter, por el border del cráter y por adentro del mismo. La vegetación adentro del cráter es impresionante. La densidad y variedad es increible. Lamentablmente no pudimos llegar a la cima porque el clima se deterioró y se puso a lloviznar y la visibilidad se puso muy mala. Unas 4 horas más tarde estábamos de regreso, felices de haber visto el cuarto volcán en dos meses. La tripulación infantil se la re banca y ya son pequeños volcanólogos :)



Subiendo, de a poquito, a Mt. Pelée



Se puso nublado y lluvioso en la cima.

El tren de gente subiendo...


Caminando al lado del cráter. 


Lo hicimos!!!! Llegamos :)

11 junio 2015

Llegamos a Bequia

Tuvimos una travesia muy buena. Ahora a dormir! Tiramos el ancla a las 3:40 zzzzzzzzzzzzzzz

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29 mayo 2015

Volcanología guadalupana y agricultura dominguera

Al igual que casi todas las Antillas, la Guadeloupe--como llaman los locales francoparlantes a su propia isla muy a pesar de los españoles que le dieron nombre y algún que otro hispanoparlante del siglo XXI que insiste en llamarla Guadalupe--, es de origen volcánico. Como consecuencia de su origen geológico y también como recordatorio de lo frágil que es la presencia animal y vegetal en la isla, La Guadeloupe tiene un volcán activo llamado La Grande Soufrière.
Nos tocó un día excelente porque había pocas nubes alrededor del volcán

Una de las grietas a lo largo del sendero

Casi en la cima y ya entre las nubes
 Este volcán, cuya última erupción fue en 1976 y no ocasionó mayores daños, es el sujeto de minuciosa observación por volcanólogos y otros científicos, como así también la pièce de résistance del Parc National de la Guadeloupe. Miles de turistas y locales emprenden la caminata hasta la cima del volcán cada año. Es una caminata poco técnica, aunque de a ratos empinada, que lleva alrededor de 4 horas ida y vuelta. Las vistas desde la ladera del volcán, los distintos tipos de vegetación en las distintas alturas, el olor a azufre, el manto de nubes que rodea la cima, hacen del paseo una experiencia francamente increíble.
En la cima, a 1467 metros de altura

La Soufrière significa la azufrera. Ese humo que sale del cráter contiene mucho azufre

Trepamos hasta la cima con nuestros amigos de Almost There y disfrutamos cada paso, cada piedra en el sendero, cada árbol y arbusto. En la cima, a poco más de 1400 metros de altura, la nube, rara vez ausente allá arriba, humedeció nuestra ropa y el aire fresco nos enfrió la piel. El humo con olor a azufre que sale del cráter completó la experiencia sensorial.

Panorámica de la cima cubierta por su nube perenne

Un raro momento de claridad en la cima, con el cráter a la izquierda
Continuando nuestra navegación hacia el sur, siempre siguiendo la hilera de las Antillas, llegamos a Portsmouth, la ciudad más al norte de Dominica.

Hace 5 siglos, cuando los indios caribes vivían tranquilos en Dominica, los conquistadores españoles llegaron en nombre de Cristo y la justicia cristiana y la corona de los Reyes Católicos y un universo de razones que seguro tendrían sentido en su contexto histórico. Los conquistadores hicieron cagar a los locales, ya sea esclavizándolos o matándolos, con destreza y tecnología. Después se tomaron el palo porque resultó ser que en Dominica no había oro, y poner plantaciones de caña de azúcar era mucho más fácil en otras islas.

Así es que Dominica es la única isla de las Antillas en la que sobrevivió una pequeña población de indios caribes. Claro, después vinieron los franceses e ingleses, quienes se cagaron a tiros entre ellos ante los ojos azorados de los caribes (que no eran ningunos pacifistas). La isla fue francesa por un tiempo, después inglesa, y ahora, desde 1978, es un estado independiente miembro de la Commonwealth of Nations.

El turismo está algo desarrollado en Dominica, pero poco comparado con otras de las Antillas. Su belleza natural es increíble. Tiene varios volcanes, aguas termales, todo tipo de vegetación y fauna tropicales, todo enclaustrado en el corazón de la isla que ha sido convertido en un parque nacional. Los locales son gente extremadamente amigable y orgullosa de su isla. 

La vida en Dominica puede ser bien fácil si uno tiene expectativas simples. La agricultura requiere esfuerzo mínimo, ya que cualquier vegetal tropical crece inconteniblemente. Los locales comen fruta, verdura y pescado. También hay cabras y algunos cerdos salvajes que introdujeron los europeos. Hay dos riesgos latentes: una erupción volcánica (aparentemente poco probable) y los huracanes. El último huracán que devastó a esta isla fue en 1979.

Tuvimos oportunidad de probar algo de la agricultura local. Navegamos por el Indian River hacia una plantación en la que probamos passion fruit, canela, mango, cacao, y algunas otras deliciosas frutas que desconocía. También visitamos la casa de un francés que hace unos años, frustrado por la ausencia de buen chocolate en la isla, puso su propia fábrica artesanal. Nos mostró todo el proceso, desde los árboles de cacao hasta la máquina que usa para mezclar el cacao fermentado con leche y azúcar. Todo lo que usa crece en los árboles que tiene en su propiedad. Creo que nunca había comido chocolate de verdad.
Probamos todo tipo de frutas tropicales recién arrancadas de sus árboles
Las raíces de este árbol (cuyo nombre ya olvidé) son increíbles. Indian River
Caminata por la jungla para llegar a un río
También nos adentramos en la jungla montañosa, entre palmeras y bananos y papayos, para llegar a un río con una olla profunda y una piedra de 6 o 7 metros de alto para tirarnos. El río al que fuimos es uno de los 365 que hay en la isla. Realmente Gaia estaba de buen humor cuando planeó la belleza natural de Dominica.
El Mati en pleno vuelo
Probando un elegante clavado
Almuerzo en el lado Atlántico de la isla
Otro dato interesante de Dominica en general y el Indian River en particular: acá se filmaron algunas escenas de Piratas del Caribe 2. El guía que nos llevó por el río nos contó algunas indiscreciones de las estrellas (que no puedo divulgar!) y nos mostró una cabaña que construyeron a orillas del río para filmar la escena con la bruja Calypso.

La casa de la bruja Calypso (personaje de los Piratas del Caribe 2) en el Indian River

14 mayo 2015

Comunión con Poseidón y Eolo

A veces Poseidón y Eolo me sorprenden con su benevolencia; dejan de lado su actitud iracunda que la gente de mar teme y también abandonan su desidia, esa que nos deja encalmados flotando como corcho perdido en un gigantesco charco. En esas ocasiones, estos dos dioses se ponen de acuerdo y nos otorgan oportunidades de navegación que debemos aprovechar. Esos días, no tan comunes como creía o me gustaría ver, son fabulosos y me ponen en un estado espiritual de introspección y agradecimiento por la vida que llevo.

Levantamos cadena y ancla en Anse de Colombier, en el extremo norte de Saint Barth, a las 6 de la mañana. Teníamos por delante 45 millas de Mar Caribe que nos separaban de Basseterre, la capital de Saint Kitts. Poseidón prometía olas del este, al través de nuestro rumbo, y Eolo, sin querer quedarse atrás, hacía una promesa similar con sus vientos: 20 nudos del este. Esperaba una travesía rápida y algo agitada.

Apenas perdimos la protección de Saint Barth, las olas y el viento (sucundún, sucundún) impusieron su ritmo sobre el Taia. Con ambos dioses presionando del través, el Taia empezó a avanzar desbocado, deslizándose sin esfuerzo entre crestas y valles, sus velas cómodamente apoyadas sobre el viento con amuras a babor. No rolaba y cabeceaba ligeramente al subir y bajar olas de 1,50 metros. El rumbo era de 180°, derecho hacia el sur. En las primeras 35 millas de navegación, promediamos 7 nudos de velocidad!

Las condiciones, tan excepcionalmente buenas, me llevaron a apagar el piloto automático y timonear a mano (me avergüenza un poco confesar que el piloto automático timonea el 95% del tiempo). Dejé de monitorear el GPS; estuve tentado de apagarlo pero no lo hice por una cuestión de seguridad. Mi mirada saltó del compás a la proa, de la proa a las velas, de las velas a las olas. A pesar de estar rodeado de la tecnología que me permite navegar despreocupadamente, disfruté de esta conexión primitiva que la humanidad tiene con el mar y el viento. La hice mía. Sentí que mi espíritu se elevaba gracias a esta interacción con dos dioses que pueden ser difíciles de tratar.

Cuando en 1988 leí a Philippe Jeantot, a Robin Lee Graham y obviamente también a Joshua Slocum, éste fue el romance que soñé para mi futuro marino. Y así lo viví ese día, agradecido y feliz de estar en el mar, de poder respirar el aire y el agua y la sal que flotaban sobre las olas, navegando mi propio barco.

Llegamos a Saint Kitts sin mayor novedad que una singladura excelente en condiciones ideales. Ese día no saqué fotos. Unas pocas fotos serían inservibles para reflejar el significado del momento.

Ya visitamos Saint Kitts y su isla vecina, Nevis. Mañana o pasado continuamos con rumbo a Montserrat, adonde nos espera un volcán activo que devastó la isla en 1995.