Tuvimos una travesia muy buena. Ahora a dormir! Tiramos el ancla a las 3:40 zzzzzzzzzzzzzzz
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11 junio 2015
29 mayo 2015
Volcanología guadalupana y agricultura dominguera
Al igual que casi todas las Antillas, la Guadeloupe--como llaman los locales francoparlantes a su propia isla muy a pesar de los españoles que le dieron nombre y algún que otro hispanoparlante del siglo XXI que insiste en llamarla Guadalupe--, es de origen volcánico. Como consecuencia de su origen geológico y también como recordatorio de lo frágil que es la presencia animal y vegetal en la isla, La Guadeloupe tiene un volcán activo llamado La Grande Soufrière.
Este volcán, cuya última erupción fue en 1976 y no ocasionó mayores daños, es el sujeto de minuciosa observación por volcanólogos y otros científicos, como así también la pièce de résistance del Parc National de la Guadeloupe. Miles de turistas y locales emprenden la caminata hasta la cima del volcán cada año. Es una caminata poco técnica, aunque de a ratos empinada, que lleva alrededor de 4 horas ida y vuelta. Las vistas desde la ladera del volcán, los distintos tipos de vegetación en las distintas alturas, el olor a azufre, el manto de nubes que rodea la cima, hacen del paseo una experiencia francamente increíble.
Trepamos hasta la cima con nuestros amigos de Almost There y disfrutamos cada paso, cada piedra en el sendero, cada árbol y arbusto. En la cima, a poco más de 1400 metros de altura, la nube, rara vez ausente allá arriba, humedeció nuestra ropa y el aire fresco nos enfrió la piel. El humo con olor a azufre que sale del cráter completó la experiencia sensorial.
| Nos tocó un día excelente porque había pocas nubes alrededor del volcán |
| Una de las grietas a lo largo del sendero |
| Casi en la cima y ya entre las nubes |
| En la cima, a 1467 metros de altura |
| La Soufrière significa la azufrera. Ese humo que sale del cráter contiene mucho azufre |
Trepamos hasta la cima con nuestros amigos de Almost There y disfrutamos cada paso, cada piedra en el sendero, cada árbol y arbusto. En la cima, a poco más de 1400 metros de altura, la nube, rara vez ausente allá arriba, humedeció nuestra ropa y el aire fresco nos enfrió la piel. El humo con olor a azufre que sale del cráter completó la experiencia sensorial.
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| Panorámica de la cima cubierta por su nube perenne |
Continuando nuestra navegación hacia el sur, siempre siguiendo la hilera de las Antillas, llegamos a Portsmouth, la ciudad más al norte de Dominica.
Hace 5 siglos, cuando los indios caribes vivían tranquilos en Dominica, los conquistadores españoles llegaron en nombre de Cristo y la justicia cristiana y la corona de los Reyes Católicos y un universo de razones que seguro tendrían sentido en su contexto histórico. Los conquistadores hicieron cagar a los locales, ya sea esclavizándolos o matándolos, con destreza y tecnología. Después se tomaron el palo porque resultó ser que en Dominica no había oro, y poner plantaciones de caña de azúcar era mucho más fácil en otras islas.
Así es que Dominica es la única isla de las Antillas en la que sobrevivió una pequeña población de indios caribes. Claro, después vinieron los franceses e ingleses, quienes se cagaron a tiros entre ellos ante los ojos azorados de los caribes (que no eran ningunos pacifistas). La isla fue francesa por un tiempo, después inglesa, y ahora, desde 1978, es un estado independiente miembro de la Commonwealth of Nations.
El turismo está algo desarrollado en Dominica, pero poco comparado con otras de las Antillas. Su belleza natural es increíble. Tiene varios volcanes, aguas termales, todo tipo de vegetación y fauna tropicales, todo enclaustrado en el corazón de la isla que ha sido convertido en un parque nacional. Los locales son gente extremadamente amigable y orgullosa de su isla.
La vida en Dominica puede ser bien fácil si uno tiene expectativas simples. La agricultura requiere esfuerzo mínimo, ya que cualquier vegetal tropical crece inconteniblemente. Los locales comen fruta, verdura y pescado. También hay cabras y algunos cerdos salvajes que introdujeron los europeos. Hay dos riesgos latentes: una erupción volcánica (aparentemente poco probable) y los huracanes. El último huracán que devastó a esta isla fue en 1979.
Tuvimos oportunidad de probar algo de la agricultura local. Navegamos por el Indian River hacia una plantación en la que probamos passion fruit, canela, mango, cacao, y algunas otras deliciosas frutas que desconocía. También visitamos la casa de un francés que hace unos años, frustrado por la ausencia de buen chocolate en la isla, puso su propia fábrica artesanal. Nos mostró todo el proceso, desde los árboles de cacao hasta la máquina que usa para mezclar el cacao fermentado con leche y azúcar. Todo lo que usa crece en los árboles que tiene en su propiedad. Creo que nunca había comido chocolate de verdad.
| Probamos todo tipo de frutas tropicales recién arrancadas de sus árboles |
| Las raíces de este árbol (cuyo nombre ya olvidé) son increíbles. Indian River |
| Caminata por la jungla para llegar a un río |
También nos adentramos en la jungla montañosa, entre palmeras y bananos y papayos, para llegar a un río con una olla profunda y una piedra de 6 o 7 metros de alto para tirarnos. El río al que fuimos es uno de los 365 que hay en la isla. Realmente Gaia estaba de buen humor cuando planeó la belleza natural de Dominica.
| Probando un elegante clavado |
Otro dato interesante de Dominica en general y el Indian River en particular: acá se filmaron algunas escenas de Piratas del Caribe 2. El guía que nos llevó por el río nos contó algunas indiscreciones de las estrellas (que no puedo divulgar!) y nos mostró una cabaña que construyeron a orillas del río para filmar la escena con la bruja Calypso.
14 mayo 2015
Comunión con Poseidón y Eolo
A veces Poseidón y Eolo me sorprenden con su benevolencia; dejan de lado su actitud iracunda que la gente de mar teme y también abandonan su desidia, esa que nos deja encalmados flotando como corcho perdido en un gigantesco charco. En esas ocasiones, estos dos dioses se ponen de acuerdo y nos otorgan oportunidades de navegación que debemos aprovechar. Esos días, no tan comunes como creía o me gustaría ver, son fabulosos y me ponen en un estado espiritual de introspección y agradecimiento por la vida que llevo.
Levantamos cadena y ancla en Anse de Colombier, en el extremo norte de Saint Barth, a las 6 de la mañana. Teníamos por delante 45 millas de Mar Caribe que nos separaban de Basseterre, la capital de Saint Kitts. Poseidón prometía olas del este, al través de nuestro rumbo, y Eolo, sin querer quedarse atrás, hacía una promesa similar con sus vientos: 20 nudos del este. Esperaba una travesía rápida y algo agitada.
Apenas perdimos la protección de Saint Barth, las olas y el viento (sucundún, sucundún) impusieron su ritmo sobre el Taia. Con ambos dioses presionando del través, el Taia empezó a avanzar desbocado, deslizándose sin esfuerzo entre crestas y valles, sus velas cómodamente apoyadas sobre el viento con amuras a babor. No rolaba y cabeceaba ligeramente al subir y bajar olas de 1,50 metros. El rumbo era de 180°, derecho hacia el sur. En las primeras 35 millas de navegación, promediamos 7 nudos de velocidad!
Las condiciones, tan excepcionalmente buenas, me llevaron a apagar el piloto automático y timonear a mano (me avergüenza un poco confesar que el piloto automático timonea el 95% del tiempo). Dejé de monitorear el GPS; estuve tentado de apagarlo pero no lo hice por una cuestión de seguridad. Mi mirada saltó del compás a la proa, de la proa a las velas, de las velas a las olas. A pesar de estar rodeado de la tecnología que me permite navegar despreocupadamente, disfruté de esta conexión primitiva que la humanidad tiene con el mar y el viento. La hice mía. Sentí que mi espíritu se elevaba gracias a esta interacción con dos dioses que pueden ser difíciles de tratar.
Cuando en 1988 leí a Philippe Jeantot, a Robin Lee Graham y obviamente también a Joshua Slocum, éste fue el romance que soñé para mi futuro marino. Y así lo viví ese día, agradecido y feliz de estar en el mar, de poder respirar el aire y el agua y la sal que flotaban sobre las olas, navegando mi propio barco.
Llegamos a Saint Kitts sin mayor novedad que una singladura excelente en condiciones ideales. Ese día no saqué fotos. Unas pocas fotos serían inservibles para reflejar el significado del momento.
Ya visitamos Saint Kitts y su isla vecina, Nevis. Mañana o pasado continuamos con rumbo a Montserrat, adonde nos espera un volcán activo que devastó la isla en 1995.
Levantamos cadena y ancla en Anse de Colombier, en el extremo norte de Saint Barth, a las 6 de la mañana. Teníamos por delante 45 millas de Mar Caribe que nos separaban de Basseterre, la capital de Saint Kitts. Poseidón prometía olas del este, al través de nuestro rumbo, y Eolo, sin querer quedarse atrás, hacía una promesa similar con sus vientos: 20 nudos del este. Esperaba una travesía rápida y algo agitada.
Apenas perdimos la protección de Saint Barth, las olas y el viento (sucundún, sucundún) impusieron su ritmo sobre el Taia. Con ambos dioses presionando del través, el Taia empezó a avanzar desbocado, deslizándose sin esfuerzo entre crestas y valles, sus velas cómodamente apoyadas sobre el viento con amuras a babor. No rolaba y cabeceaba ligeramente al subir y bajar olas de 1,50 metros. El rumbo era de 180°, derecho hacia el sur. En las primeras 35 millas de navegación, promediamos 7 nudos de velocidad!
Las condiciones, tan excepcionalmente buenas, me llevaron a apagar el piloto automático y timonear a mano (me avergüenza un poco confesar que el piloto automático timonea el 95% del tiempo). Dejé de monitorear el GPS; estuve tentado de apagarlo pero no lo hice por una cuestión de seguridad. Mi mirada saltó del compás a la proa, de la proa a las velas, de las velas a las olas. A pesar de estar rodeado de la tecnología que me permite navegar despreocupadamente, disfruté de esta conexión primitiva que la humanidad tiene con el mar y el viento. La hice mía. Sentí que mi espíritu se elevaba gracias a esta interacción con dos dioses que pueden ser difíciles de tratar.
Cuando en 1988 leí a Philippe Jeantot, a Robin Lee Graham y obviamente también a Joshua Slocum, éste fue el romance que soñé para mi futuro marino. Y así lo viví ese día, agradecido y feliz de estar en el mar, de poder respirar el aire y el agua y la sal que flotaban sobre las olas, navegando mi propio barco.
Llegamos a Saint Kitts sin mayor novedad que una singladura excelente en condiciones ideales. Ese día no saqué fotos. Unas pocas fotos serían inservibles para reflejar el significado del momento.
Ya visitamos Saint Kitts y su isla vecina, Nevis. Mañana o pasado continuamos con rumbo a Montserrat, adonde nos espera un volcán activo que devastó la isla en 1995.
24 abril 2015
St. Martin
Hace casi 20 días que llegamos a St. Martin. En este tiempo hemos disfrutado de algunas playas, paseos en colectivo a Philisburg, comida francesa y mucho tiempo con amigos.
El desalinizador de agua llegó unos días más tarde de lo planeado pero seguro. El Er se pasó tres días trabajando sin parar y finalmente estamos produciendo agua potable nuevamente!
Después de muchas idas al super, el barco está repleto de comida y bebida finalemente. En los próximos días nos vamos a St. Barth.
El desalinizador de agua llegó unos días más tarde de lo planeado pero seguro. El Er se pasó tres días trabajando sin parar y finalmente estamos produciendo agua potable nuevamente!
Después de muchas idas al super, el barco está repleto de comida y bebida finalemente. En los próximos días nos vamos a St. Barth.
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| Paseando en Marigot |
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| Los chicos estrenando caña de pescar. El Mati está fascinado pescando! |
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| Paseo al Fuerte Louis con Skylark |
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| Al agua pato! |
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| Arte en la playa |
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| Knee Boarding con amigos. Re divertido!! |
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| Esto está buenísimo! |
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| Maho Beach, al lado del aeropuerto, |
06 abril 2015
Lunes Santo?
Anoche, rompiendo nuestra propia regla
de nunca entrar a una bahía desconocida de noche, entramos a Baie de
Marigot, en St-Martin, a las 2 de la mañana. Violamos esa regla de
seguridad convencidos por una serie de atenuantes, a saber:
- La bahía está completamente abierta al noroeste (de donde veníamos), sin obstáculos para la navegación.
- Había luna llena y la visibilidad era excelente (excepto por un poco de lluvia justo cuando nos aproximábamos, pero no duró).
- Tiramos el ancla sobre arena en 6 metros de agua, bien claros de otros 3 barcos que podíamos ver bien. La luz de la luna era suficiente para distinguir las zonas de arena y pasto que hay al fondo (cuesta creer que una bahía que ve tanto movimiento de embarcaciones tenga el agua tan imposiblemente cristalina!).
- No había viento ni olas que pudieran complicar las cosas.
- Eran las 2 de la matina y no teníamos ganas de esperar 4 horas hasta que saliera el sol.
- Toda regla tiene su excepción.
- Al que madruga dios lo ayuda.
- Más vale pájaro en mano que ristra de bueyes.
Esta isla, cuyo nombre oficial es
St-Martin/Sint Maarten, es el territorio más pequeño en este mundo
entorpecido por divisiones políticas que consta de 2 naciones. La
mitad norte, algo más grande que la del sur (y sí, existen mitades
de distintos tamaños!), se llama St-Martin y es colonia francesa. Al
sur se encuentra la mitad holandesa, Sint Maarten.
Un dato interesante de esta división
política: en tierra uno es libre de moverse entre los dos
territorios sin practicar el fabuloso y ridículo deporte de hacer
migraciones y aduana. Mas en el agua, dependiendo de la
embarcación que uno use, el
movimiento entre una nación y otra puede estar verboden,
interdit terminantemente! Así es que, en el gomón, puedo
moverme con total y absoluta libertad. Pero en el Taia, no, no. Eso
requiere que el capitain vaya a la capitainerie y
adquiera los sellos y permisos necesarios para dejar St-Martin.
Después el captain puede hacer acto de presencia en la
oficina de migraciones y aduana en Sint Maarten para llenar 7 formularios
por triplicado usando solo máquina de escribir de marca holandesa,
todo con la cara pintada de naranja y, si es argentino, munido de una foto del
Papa dándole la mano a Su Máxima y Legítima Majestad Máxima de Holanda.
Lo cierto es que, según dicen, entrar con embarcación y todo a St-Martin es fácil. Según dicen, porque la verdad que no tengo experiencia en el tema. "Cómo es eso?", preguntan los políticos que sabiamente han dividido las tierras de este planeta. "Cómo que has estado en St-Martin por más de 12 horas y no has hecho migraciones y aduana y salud pública y agricultura y control de drogas y tráfico de humanos y animales en peligro de extinción?". Pues bien, parece ser que hoy es Lunes Santo, o algo así, aquí en St-Martin. Por las calles de Marigot, la capital de St-Martin, se escuchan los grillos y los turistas enfiestados en Phillipsburg, la capital de Sint Maarten, en donde todo está abierto. Los políticos holandeses-aunque-no-tanto de Sint Maarten se frotan las manos con avaricia y lujuria al ver todos esos turistas que fueron a gastar sus dólares y euros en el lado holandés de la isla.
El lado francés, muy francés, observando esta fiesta de guardar y el inalienable derecho de las personas a trabajar como medio de vida y no como forma de vida. El lado holandés, muy... norte americano. Eh? Sí, en el lado holandés rige la ley del capitalismo norte americano, y parece que esas 5 semanas de vacaciones por año que todo el mundo tiene en Holanda, acá en el Caribe no corren. Es interesante notar que Sint Maarten es prácticamente una nación independiente y de a poco ha estado separándose de nuestra buena amiga Máxima y flia. Allí el dólar reina, el euro circula, el paraíso en venta a través de hoteles, tiempo compartido, comida, alcohol, mucho alcohol, un poco más de alcohol, y fiesta digna de los últimos años del imperio romano.
Mientras tanto, el Taia continúa en el limbo migratorio. Estamos en St-Martin pero no estamos aquí. Mañana la oficina de migraciones estará abierta. À demain.
| Este restaurant no cierra nunca, ni en Lunes Santo! Trabajadores a trabajar, porque todo en el dinero es dinero. |
22 marzo 2015
Re-encuentro con amigos
- Dónde está Skylark?
- En Torotal, BVI
- A cuántas millas estamos de Skylark?
- A 3 millas.
- Cuántas horas de navigación es eso?
- Menos de una hora.
- Vamos!!!!!
Una de las cosas que más me gusta de vivir en el barco es la oportunidad de conocer a mucha gente. Charlar, hacer preguntas, intercambiar datos e historias se convierte en algo común. Si el otro barco tiene chicos, el lazo es aún más importante. Y mantenerse en contacto y tratar de visitar los mismos lugares al mismo tiempo tiene alta prioridad.
A Skylark, una famila inglesa de 4, los conocimos en Staniel Cay, Bahamas. Una tarde que estábamos todos en el chinchorro listos para ir a la playa, y alguien gritó "Ese barco tiene chicos!". Immediatamente nos desviamos y fuimos a presentarnos. Esa misma tarde las dos chicas de Skylark , la Cami y el Mati se conocieron y se conviertieron en mejores amigos. Después vino GeorgeTown, mucha playa y pijama parties.
Ellos llegaron a las BVI hace un mes, mientras nosotros estábamos visitando Puerto Rico y las USVI. Después de recorrer St. John y con cierta presión infantil, decidimos ir a las BVI para re-encontrarnos con Skylark.
Llegamos a Jost Van Dyke e immediatamente después de anclar nos fuimos a Skylark. Charlamos, comparamos notas sobre la travesía para llegar a las BVI y nos divertimos mucho. Después de un día de playa, empezó lo que se ha convertido en nuestra rutina: viajar juntos con Sylark, cole por la mañana, snorkel y playa durante el día, charla y tragos por la noche mientras los chicos juegan o miran una peli. Rápidamente, también, llegaron los pijama parties para los chicos: las nenas grandes por un lado, los más chicos por otro, lejos de los hermanos mayores molestos. Hasta el cole ha perdido su rutina, con alguno de los dos chicos haciendo cole en el otro barco.
- En Torotal, BVI
- A cuántas millas estamos de Skylark?
- A 3 millas.
- Cuántas horas de navigación es eso?
- Menos de una hora.
- Vamos!!!!!
Una de las cosas que más me gusta de vivir en el barco es la oportunidad de conocer a mucha gente. Charlar, hacer preguntas, intercambiar datos e historias se convierte en algo común. Si el otro barco tiene chicos, el lazo es aún más importante. Y mantenerse en contacto y tratar de visitar los mismos lugares al mismo tiempo tiene alta prioridad.
A Skylark, una famila inglesa de 4, los conocimos en Staniel Cay, Bahamas. Una tarde que estábamos todos en el chinchorro listos para ir a la playa, y alguien gritó "Ese barco tiene chicos!". Immediatamente nos desviamos y fuimos a presentarnos. Esa misma tarde las dos chicas de Skylark , la Cami y el Mati se conocieron y se conviertieron en mejores amigos. Después vino GeorgeTown, mucha playa y pijama parties.
Ellos llegaron a las BVI hace un mes, mientras nosotros estábamos visitando Puerto Rico y las USVI. Después de recorrer St. John y con cierta presión infantil, decidimos ir a las BVI para re-encontrarnos con Skylark.
Llegamos a Jost Van Dyke e immediatamente después de anclar nos fuimos a Skylark. Charlamos, comparamos notas sobre la travesía para llegar a las BVI y nos divertimos mucho. Después de un día de playa, empezó lo que se ha convertido en nuestra rutina: viajar juntos con Sylark, cole por la mañana, snorkel y playa durante el día, charla y tragos por la noche mientras los chicos juegan o miran una peli. Rápidamente, también, llegaron los pijama parties para los chicos: las nenas grandes por un lado, los más chicos por otro, lejos de los hermanos mayores molestos. Hasta el cole ha perdido su rutina, con alguno de los dos chicos haciendo cole en el otro barco.
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| Snorkeling en las cuevas, en The Bight. |
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| El Mati está alucinado sumergiéndose unos metros. |
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| The Bight |
| Los chicos están usando el Kayak un montón. Al Mati más de una vez lo han felicitado en la playa por lo bien que anda. |
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| La tripulación infantil de Taia y Skylark |
27 febrero 2015
Imágenes indelebles
Hay recuerdos que no voy a borrar. A veces la vorágine de la rutina diaria nos enceguece y nos roba los detalles que, agregados de a cientos o miles, hacen nuestra felicidad. Ya sea viviendo en los suburbios o en el barco, quiero conservar esas imágenes intactas en mi memoria.
Parte de la rutina en el Taia es apilar a toda la familia en el gomón y aventurarnos en todo tipo de lugares: playas, corales, piedras, pueblos, ciudades, otros barcos, etc. Es el medio de transporte que nos permite acceso a agua y tierra; el vehículo familiar.
Ayer fuimos en el gomón desde Hansen Bay a Coral Bay, una distancia modesta de 2 millas, que normalmente cubriríamos en 10 o 15 minutos. Pero ayer fue distinto. El viento ha estado soplando entre 20 y 25 nudos del ESE y la bahía en la que estamos está expuesta a esa dirección. La ida fue divertida porque teníamos el viento y las olas en la popa. Hicimos la mitad de la distancia barrenando olas de 1.5 a 2 metros. Pero la vuelta fue más complicada, en contra del viento y las olas. Fue complicada para mí que tuve que poner atención para que el viaje no se convirtiera en una dada vuelta y los 4 termináramos en el agua con el gomón puesto de sombrero. Los chicos venían felices, completamente mojados y muertos de risa con toda el agua que volaba cada vez que chocábamos una ola.
Los chicos siempre van sentados en la proa del gomón. Ese es su lugar. A veces, cuando volvemos de una playa y tienen un poco de frío, se acurrucan en el piso y se envuelven con toallas. Otras veces vienen peleando por quién ocupa 1 milímetro más del asiento que comparten. Lo mejor es cuando señalan peces, tiburones, tortugas, o lo que sea que ven y les llama la atención. Yo observo todo sentado en la popa, con la mano en el acelerador del motor.
Cuando no hay olas y podemos ir rápido, veo esas dos espaldas vibrando mientras el gomón avanza, las manos de los chicos firmemente envueltas en las manijas, como aprendieron a hacer después de recibir incontables recordatorios de agarrarse bien. Y si no hay olas y no estoy yendo al máximo de velocidad, esas dos espaldas se tuercen, y sus voces reclaman ir más rápido. Y si el agua está particularmente planchada, se dan vuelta y piden que crucemos nuestra propia estela, solo por la diversión de sacudir el esqueleto.
Esa imagen, mis dos hijos sentados en el gomón, ambos dándome la espalda, la de ella normalmente erguida con corrección y pulcritud, la de él más curva y con los hombritos echados hacia adelante, esa imagen es mía y me la quedo. La comparto porque me hace feliz.
Parte de la rutina en el Taia es apilar a toda la familia en el gomón y aventurarnos en todo tipo de lugares: playas, corales, piedras, pueblos, ciudades, otros barcos, etc. Es el medio de transporte que nos permite acceso a agua y tierra; el vehículo familiar.
Ayer fuimos en el gomón desde Hansen Bay a Coral Bay, una distancia modesta de 2 millas, que normalmente cubriríamos en 10 o 15 minutos. Pero ayer fue distinto. El viento ha estado soplando entre 20 y 25 nudos del ESE y la bahía en la que estamos está expuesta a esa dirección. La ida fue divertida porque teníamos el viento y las olas en la popa. Hicimos la mitad de la distancia barrenando olas de 1.5 a 2 metros. Pero la vuelta fue más complicada, en contra del viento y las olas. Fue complicada para mí que tuve que poner atención para que el viaje no se convirtiera en una dada vuelta y los 4 termináramos en el agua con el gomón puesto de sombrero. Los chicos venían felices, completamente mojados y muertos de risa con toda el agua que volaba cada vez que chocábamos una ola.
Los chicos siempre van sentados en la proa del gomón. Ese es su lugar. A veces, cuando volvemos de una playa y tienen un poco de frío, se acurrucan en el piso y se envuelven con toallas. Otras veces vienen peleando por quién ocupa 1 milímetro más del asiento que comparten. Lo mejor es cuando señalan peces, tiburones, tortugas, o lo que sea que ven y les llama la atención. Yo observo todo sentado en la popa, con la mano en el acelerador del motor.
Cuando no hay olas y podemos ir rápido, veo esas dos espaldas vibrando mientras el gomón avanza, las manos de los chicos firmemente envueltas en las manijas, como aprendieron a hacer después de recibir incontables recordatorios de agarrarse bien. Y si no hay olas y no estoy yendo al máximo de velocidad, esas dos espaldas se tuercen, y sus voces reclaman ir más rápido. Y si el agua está particularmente planchada, se dan vuelta y piden que crucemos nuestra propia estela, solo por la diversión de sacudir el esqueleto.
Esa imagen, mis dos hijos sentados en el gomón, ambos dándome la espalda, la de ella normalmente erguida con corrección y pulcritud, la de él más curva y con los hombritos echados hacia adelante, esa imagen es mía y me la quedo. La comparto porque me hace feliz.
| Sentados en el gomón, listos para explorar el mundo |
21 febrero 2015
Y llegamos a Puerto Rico!
Después de unos pocos días en
Luperón, el tiempo se prestó para ir a Puerto Rico. Navegamos una
noche y un día hasta llegar al Pasaje Mona (entre República
Dominicana y Puerto Rico), que nos esperaba sin olas y con un poco de
viento. Este pasaje, muy conocido por los cruisers, puede ponerse
bien complicado si las condiciones meteorológicas no son ideales.
![]() |
| Hola, Puerto Rico!!! |
La primera parada en Puerto Rico fué
Boquerón, donde hicimos aduana y migraciones por teléfono, gracias
a unas tarjetas especiales que obtuvimos este año en EEUU y que nos
sirven para cualquier territorio americano. Lamentablemente, también
necesitábamos un permiso para navegar las aguas americanas (el viejo
estaba vencido) y para eso tuvimos que encontrar un taxi e ir a la
oficina de CBP y pagar en persona.
La costa sur de Puerto Rico la
navegamos bien rápido. Paramos una noche en Puerto Patillas y
dormimos bastante mal ya que el barco se movia mucho aunque estábamos
anclados. La siguiente parada fue Fajardo, una ciudad grande a la que
queríamos llegar por dos razones: para encontrarnos con unos amigos
del Er y para visitar el único West Marine (un negocio náutico) en
Puerto Rico y comprar algunos repuestos.
Así fué como el amigo del Er y su
familia nos buscaron en Fajardo y nos llevaron a San Juan, mientras
Paul se quedaba en el barco y disfrutaba del silencio. Pasamos 3 días
en la capital de Puerto Rico. Caminamos mucho, comimos aún más y la
pasamos bárbaro. El viejo San Juan, la segunda ciudad europea más
antigua de América, está muy bien mantenida y es muy limpia. El
Morro y el fuerte San Cristóbal son hermosos.
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| El Mati y Facu, solucionando los problemas del mundo en el Morro |
![]() |
| San Juan viejo. Hermoso |
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| Vista desde la catedral |
La siguiente parada fué la isla de
Culebra, famosa por sus playas. Lamentablemente el clima no colaboró
y llovió mucho. Al llegar a Culebra nos dimos cuenta que el hatch
(ventana) de la cabina de los chicos había quedado mal cerrada y
como habíamos tenido muchas olas, la cabina estaba empapada. Hubo
que sacar colchones, sábanas, juguetes y libros y esperar a que
salga el sol para que seque todo... De más está decir que ahora
prestaremos más atención al estado de ese hatch.
Al día siguiente, después de lavar la
ropa en la lavandería del pueblo, partimos para St. Thomas, una de
las islas virgenes americanas. Aprovechamos que no había viento y,
por ende, tampoco habia olas.
St. Thomas nos sorprendió porque es
muy turística. Todos los días llegan uno, dos o tres cruceros con
sus miles de turistas. El pueblo vive de eso y cuando uno camina sus
calles, lo único que encuentra es negocio tras negocio para gastar
plata. Esperábamos encontrar algun museo, pero el único que hay
estaba cerrado por remodelaciones.
El martes 17 de Febrero nos despedimos
de Paul, muy agradecidos por su visita y toda su ayuda. Los próximos
días van a ser tranquilos, estamos todos cansados después de 3
semanas moviditas. También queremos ponernos al día con el cole.
Planeamos volver a Puerto Rico, visitar
Culebra (con sol, si el tiempo nos acompaña) y Vieques.
Chau Bahamas
Finalmente llegó el día. Paul llegó
a GeorgeTown el 27 de enero a las 2 pm y, junto con su ropa, trajo las condiciones
de tiempo perfectas para que Taia llegara a Turks and Caicos. Así es
que, sin un minuto para perder, nos fuimos los 5 al barco y
emprendimos rumbo sureste.
Fueron dos noches y dos días y medio
de navegación. La primer noche fué un poco incómoda porque las
olas estaban grandes. La segunda noche fué perfecta y una de las
mejores hasta ahora. Aprovechando que tenemos un tripulante extra al
que le encantan las guardias nocturnas, yo decidí saltearmelas y
dormir toda la noche. Qué placer!
Llegamos a Turks and Caicos el jueves
29 de Enero un poco después del mediodía, justo cuando el tiempo
empezaba a desmejorase. El objetivo era pasar una noche allí,
recargar las pilas y partir hacia República Dominicana al día
siguiente. Después de una ducha bien merecida y una buena cena,
todos nos fuimos a dormir temprano disfrutando del simple hecho de
que la cama no se movía para lado y lado.
A la mañana siguiente partimos
temprano. La navegación matutina fué tranquila, con la protección
de Turks and Caicos en la espalda. El pronóstico anticipaba vientos
tranquilos para el resto del día, pero el viento en vez de
disminuir, aumentó. Y las olas rápidamente se pusieron incómodas.
Con este movimiento constante, mi estómago dijo basta y así es que
encontré a mi mejor amigo: el balde. Pasé toda la noche tirada en
un colchón en el piso, donde el movimiento del barco se sentía
menos, con el balde al lado mio por las dudas. Por suerte el resto de
la tripulación estaba bien.
Y así llegamos a Luperón, República
Dominicana el sábado 31 de Enero. Con mucho viento y muchas olas.
Con lluvia y nubes bajas ocultando las montañas y vegetación
dominicanas.
Viniendo de Las Bahamas, el contraste
es inmediato. Enseguida se ven colinas y mucha vegetación. Ese mismo
día lo conocimos a Papo, un dominicano que provee servicios con su
lancha: agua potable, gas, diesel y hasta lavanderia!
Al dia siguiente empezó el proceso de
hacer aduana y migraciones. Primero, tuvimos que esperar a que tres
oficiales (muy informalmente vestidos) vinieran a Taia. Después de
presentar los papeles del barco y pasaportes nos dieron el OK para ir
al pueblo para terminar de legalizar nuestra estadía en República
Dominicana. Ahi vimos a tres oficiales distintos, llenamos más
papeles y pagamos. El lunes tuvimos que volver para ver a dos
personas más y así terminar todo el proceso de aduana y
migraciones.
Luperón es una ciudad chica y no muy
turística. Se ve mucha basura y las propiedades, en general, no
están bien mantenidas. Definitivamente no es lo que se ve cuando
uno visita un complejo turistico!
Aprovechamos los días en Luperón para
hacer escuela y varios proyectos en el barco. También fuimos a una
playa. Un día contratamos una excursión para ir a Los 27 Charcos de
Damajagua. Este parque tiene una colección de 27 cascadas por donde
uno puede, después de caminar un buen rato, saltar o tirarse por la
cascada. Pasamos unas 3 horas caminando por el bosque y rio y nos
tiramos por 12 cascadas. Pasamos un día espectacular!
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| El Er fue el primero en tirarse :) |
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| La Cami tirandonse por la cascada |
Nos hubiera gustado mucho pasar más
tiempo en República Dominicana y conocer más, pero tenemos que
estar en St. Thomas a mediados de Febrero para que Paul tome su vuelo
de regreso a EEUU.
Nuestro siguiente destino es Puerto
Rico, donde planeamos parar un poco y conocer algo más.
05 febrero 2015
Nos vamos a Puerto Rico
Ya se nos acabó el tiempo en la República Dominicana. Nos perdimos de ver varias joyas, como Santo Domingo, pero necesitamos seguir moviéndonos hacia el este. Dentro de un rato levantamos ancla y deberíamos llegar a Boquerón, Puerto Rico, el sábado a la noche.
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